miércoles, 19 de noviembre de 2008

La caricatura política en la historia mexicana

La caricatura mexicana

1826-1876


El nacimiento de México como país independiente enfrenta serias dificultades para estructurar un sistema político, económico y social. Desde sistemas monárquicos o republicanos hasta centralistas o federalistas, la nación sufre constantes pugnas por el poder personificadas en Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez, Maximiliano, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.


La Constitución de 1824, 1857 y Las Leyes de Reforma buscan crear un país sólido, pero la ambición interna y externa -la guerra contra Estados Unidos (1847) y la intervención francesa (1865-1867)- obstaculizan ese ideal. Sin embargo, esa codicia por el poder permite el surgimiento en la prensa de la caricatura, utilizada para criticar los excesos de los políticos, caciques, curas y dictadores.


En 1826, el italiano Claudio Linati introduce la litografía al país, imprime el periódico El Iris, que publica el mismo año con la primera caricatura titulada Tiranía. Al paso de los años surgen publicaciones cuya herramienta principal es la sátira caricaturesca: Don Bulle Bulle (1847), con caricaturas del primer grabador que firma sus trabajos: Gabriel Vicente Gahona "Picheta". Estas son algunas de las publicaciones que destacan: el bisemanario El Calavera (1847); El Tío Nonilla (1849-1850); El Gallo Pitagórico (1845, primera edición y 1857, segunda edición); La Pata de Cabra (1856-1865).


La escasa libertad de imprenta practicada durante la dictadura de Antonio López de Santa Anna motivó, por temor a la depresión, que los caricaturitas no firmaran sus trabajos. Gracias a la aparición del periódico La Orquesta (1861-1877) y a la libertad de expresión respetada por Benito Juárez, los caricaturistas Constantino Escalante, Santiago Hernández, Alejandro Casarín, Jesús T. Alamilla y José María Villasana, logran firmar sus dibujos, lo cualn los convirtió en en los padres de la caricatura mexicana.


La Orquesta es considerada como la publicación más importante de este periodo; sus temibles caricaturas, lo mismo criticando al clero y a los conservadores, que a los liberales, son ejemplo de la libertad de que gozaron sus caricaturistas. Las páginas de este bisemanario ilustran fielmente acontecimientos como el Imperio de Maximiliano y el triunfo del Ejército Liberal con el fusilamiento del emperador; el regreso de Juárez y la República Restaurada; el autoritarismo y las reeleciones del abogado oaxaqueño; la ambición por el poder de Porfirio Díaz y Sebastián Lerdo de Tejada.


La muerte de Juárez en 1872 lleva a Lerdo de Tejada a la presidencia; éste se propone hacer efectivas la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, además de la reconstrucción económica con la inyección de capitales. Las acciones tomadas por Lerdo, así como las del joven Porfirio Díaz, fueron registradas magistralmente por el caricaturista José María Villasana en el periódico El Ahuizote (1874-1876).


Porfirio Díaz asume la presidencia en 1876. Su intolenrancia hacia la crítica obliga a la desaparición de El Ahuizote, lo que marcó el fin del periodo en que se consolida la caricatura mexicana: 1826-1876.




La gráfica en el Porfiriato

1876-1911


El 28 de noviembre de 1876, Porfirio Díaz llega a la presidencia. El "Plan de Tuxtepec" y su triunfo en la batalla de Tecoac, precipitan el exilio de Sebastián Lerdo de Tejada. Díaz triunfa en las elecciones para el periodo 1876-1880. El ansia por el poder lleva a Díaz a convertirse en el terrible dictador que por más de treinta años soportó el pueblo mexicano. Hombre astuto y tenaz, Porfirio Díaz sostiene en esencia las mismas ideas de Juárez: progreso basado en la confianza al mestizaje y al capital extranjero.


Díaz pacifica al país. Logra la construcción de una extensa red de comunicaciones (puertos, ferrocarriles y telégrafos) y crea la infraestructura de una fuerte economía minero-agrícola de exportación. Ese progreso se sustenta en la concentración absoluta del poder, cuyos principales pilares son los caciques, los hacendados y el clero. La centralización; el modelo cultural inspirado en Francia, la ausencia de partidos políticos organizados y la acumulación de riqueza por un reducido grupo de mexicanos y extranjeros, despiertan el descontento de una clase media ilustrada incapaz de ignorar más la miseria y la sed de justicia del pueblo.


En medio del anonimato, los caricaturistas, con sus dibujos como armas, ayudan al movimiento contra la dictadura. Las constantes persecuciones que sufren las publicaciones con caricaturistas, no logran acallar la feroz crítica a Díaz. La Cantárida y El Quixote (1879) con caricaturas de Gaitán, La Patria Festiva (1879), con caricaturas de Lira en sus páginas, resultan casi inofensivas ante la aparición del semanario El Hijo del Ahuizote (1885-1903) y sus caricaturistas Daniel Cabrera "Fígaro", Jesús Martínez Carrión y Álvaro Pruneda. Durante ocho años, redactores y caricaturistas sufren la intolerancia de Díaz. Ni amenazas ni cárcel logran terminar con esta publicación.


Al paso de las sucesivas reelecciones, se estrecha más la libertad de expresión . Sin embargo, los caricturistas Daniel Cabrera y Martínez Carrión continúan su actitud opositora dirigiendo El Ahuizote Jacobino (1904-1905) y El Colmillo Público (1903-1906), respectivamente.


Aparente grabador de nota roja, José Guadalupe Posada se une a los periodistas críticos. Publica en el Gil Blas Cómico (1895-1897) y El Diablito Rojo (1906-1910), siguiendo la escuela de Manuel Manilla. Sus calaveras, fiel imágen del pueblo, se conocen por medio de hojas volantes y cuadernillos que circulan entre el mismo pueblo. En consecuencia, muestras de descontento se extienden por todo el país. La avanzada edad de Díaz y su terquedad por permanecer en el poder en medio de una fuerte crisis económica (1907) son detonantes para el inicio de la lucha armaada y el cambio encabezado por Francisco I. Madero en 1911.




El cartón en la Revolución,
el Caudillismo y el Maximato
1911-1934


En mayo de 1911 Porfirio Díaz es desterrado. Francisco León de la Barra ocupa la presidencia hasta que Francisco I. Madero gana las elecciones. Romántico en sus concepciones políticas, Madero enfrenta el error de nombrar en su gabinete a "porfiristas reconocidos". Zapata lo desconoce lanzando el "Plan de Ayala". Consecuentemente, se se multiplican las rebeliones en todo el país. La inestabilidad del gobierno de Madero es duramente denunciada por la prensa satírica con Multicolor (1911-1914) al frente. Cada error de Madero es terriblemente ridiculizado por los pinceles de Ernesto "Chango" García Cabral, Atenedoro Pérez y Soto, Canta, Santiago R. de la Vega y Clemente Islas Allende. Los caricaturistas Pruneda (Álvaro Sr., Álvaro hijo y Salvador) hacen lo propio en Tilín-Tilín (1911). La libertad de la que gozan los dibujantes se trunca con los asesinatos de Madero y Pino Suárez (1913). El rechazo generalizado a la dictadura de Victoriano Huerta y los levantamiento armados, terminan en 1914 con el gobierno usurpador. Nuevamente los caudillos revolucionarios se disputan el poder. Venustiano Carranza ocupa la silla presidencial. En 1917 se proclama la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y nace el diario Excélsior, un año antes había aparecido El Universal.


En 1920, inicio del ciclo corto de la revolución mexicana, atestigua el asesinato de Carranza y Álvaro obregón ocupa la titularidad del poder ejecutivo. De esta manera, se foralecen los periódicos de gran formato y en sus páginas aparecen historietas como El Chupamirto de Jesús Acosta Cabrera. Por otra parte, Obregón intensifica la reconstrucción nacional. Crea el sistema bancario y organiza a los obreros por medio de centrales como la CROM asegurando así su control.


En 1924, Plutarco Elías Calles es elegido presidente y una vez más la censura se instala como política gubernamental. El caricaturista Juan Arthenack logra deslizar su crítica en Tu-Tan-Kamen (1924) al igual que José Clemente Orozco en El Machete (1924-1938). Problemas de carácter socio-político desencadenan la guerra cristera y el rompimiento del Estado con la Iglesia. La lucha por la sucesión presidencial alcanza su máxima crudeza con el asesinato de Álvaro Obregón, candidato electo para el periodo 1928-1932.

Plutarco Elías Calles funda el Partido Nacional Revolucionario para asegurar su influencia y la transmisión pacífica del poder. Sucesivamente desfilan por la presidencia Emilio Portes Gil, Pascual Ortíz Rubio y Abelardo Rodríguez; a este periodo se le conoce como Maximato. El fortalecimiento de las instituciones y de los diarios de circulación nacional influyen en la vida política del país. Periódicos como La Prensa, El Nacional, El Universal y Excélsior, ubican a los caricaturistas en las páginas editoriales. De esta forma, nace el llamado Cartón Editorial. Destacan los caricaturistas Andrés Audiffred, Ángel Zamarripa "Fa-cha" y "El Chango" García Cabral, quien junto a Manuel Horta dirige Fantoche "el semanario loco" (1929-1930) que además de El Turco (1931) son las pocas publicaciones satíricas en el Maximato. Por El Fantoche desfilan las plumillas de Guerrero Edwards, Era, Cadena M, Inclán y "El Chamaco" Miguel Covarrubias.

Los moneros
1934-1965
El gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), inaugura el plan Sexenal estructurado por el Partido Nacional Revolucionario. Su política a favor del pueblo lo dota de un fuerte respaldo del sector popular que le permite la nacionalización petrolera y ferroviaria. Cárdenas apoya tanto al obrero (se fundó la CTM, con Vicente Lombardo T., en la Secretaría General), como al campesino (nació la CNC). Tolera la crítica de los caricaturitas De Mora, López Ramos y Reyes en El Tornillo (1938-?). Otorga asilo a los caricaturistas españoles Ernesto Guasp, Ras, Bartoli, Rivero Gil y Ángel Rueda. Crea la Productora e Importadora de Papel, S. A., (PIPSA), la cual le permite al gobierno de Ávila Camacho (1940-1946) controlar los medios impresos. Producto de ese control, el humor blanco se instala en los periódicos y revistas. Don Timorato (1944-1948) destaca gracias a sus colaboradores: Arias Bernal, Rafael Freyre, Audriffred, Alfredo Valdés “Kascabel”, Mier Bismarck, Abel Quezada, Huici, Jorge Carreño, Alberto Isaac y Leonardo Vadillo.
Los subsecuentes gobiernos: Miguel Alemán (1946-1952); Adolfo Ruíz Cortines (1952-1958); Adolfo López Mateos (1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) estructuran un México basado en el nacionalismo, el crecimiento económico, el desarrollo del mercado interno, la industrialización y la estabilidad política.
Acorde con esa modernización las plumillas de Rius, Beltrán, David Carrillo, Eduardo “El Nene” Gómez, Jesús Castruita “Castrux”, Juan Ramírez, Héctor Valdés, Salazar Berber, Sergio Aragonés, W. Martínez, Carlos Dzib, Helioflores, Heras, AB, Naranjo, Vic, Matz, Rruizte, Rossas, Vázquez Lira, Iracheta, Magú, Marino, Borja y Ram, entre otros, publican su crítica en Ja-já (1954), Ahí va el golpe (1955), Los Supermachos (1962), El Apretado (1951-1953), La Gallina (1959), El Mitote Ilustrado (1965-1968, suplemento de Sucesos), El Universal (1916), El Sol de México (1965) y El Heraldo de México (1965).